Artículos y publicacionesEl pasado, hoy

Un artículo inicial con toque poético.

images/upload/artesanos.jpgEl sol se paseaba por el pasto, por las piedras. El cielo cada tanto se humedecía con alguna nube vaporosa. A lo lejos, no muy cerca de un arroyo, bajo el techo de un modesto galponcito, el artesano golpeaba el hierro. Con cada movimiento armónico, un repiqueteo llegaba a mis oídos un instante después de verlo en un tiempo distinto, lento. Como si entre golpe y golpe el alma del acero se empeñara en perpetuarse, resistiéndose a desaparecer.

Al ir acercándome, comprobé que el galpón no tenía puerta, que el hombre no existía y que el yunque oxidado guardaba las heridas mudas de una guerra perdida. La que los años se cobraron en tremendas cuotas de lluvias, fríos, noches y veranos, que despeinaron la techumbre, amarronaron planchuelas y se tragaron el viento. Más al fondo, entre telarañas y yuyos crecidos, algunos troncos dormían desacomodados, la esperanza de convertirse en tablones, previo paso a ser culatas, que por acunar cañones mentían brotes de nostalgias. A un costado, unos gruesos pilotes mostraban las heridas de astillas hechas por plomos que surcaron el aire, escapando de la estela blanca de la pólvora quemada, luego de que la chispa la iniciara.

A cada vuelta del gigante luminoso, imagino al viejo armero especulando sobre la resistencia de un muelle, la precisión de un caño o el pulido de un bronce, la eficiencia de una llave, la impaciencia de unos dedos ansiosos acariciando guardamontes. Con la felicidad de dar vida a un artilugio que alguna vez fue hecho para servir y hoy descanza en colecciones sobreviviendo al hombre. Recordando que cobró vida aquél día de gamuza, riendo de quien creyo ser su dueño al que sólo acompañó de prestado. Recordando que un día fue la herencia sorda de vaya a saber que ignorante de su historia.

Y hoy, detrás del vidrio y con olor a naftalina, se olvidó de las risas, los rumores y las caras que aún sin proponérselo le edificaron la leyenda. La misma que inexplicablemente me obliga a levantar la tenaza, soplar de nuevo la fragua e imaginarme allá, lejos y hace tiempo, moldeando a gusto el mañana.

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Autor: Osvaldo Gatto

Publicado el 19/07/2000 a las 10:00

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